La noche de las manos frías era una tradición en el grupo de campistas de la cornuda, le nombraron así por una buena razón, es que al final de tal evento, todos los participantes terminaban con las extremidades casi al punto de la congelación. La idea surgió en cierta ocasión en que el reloj de uno de los exploradores cayó en el arroyo mientras lo cruzaban, debido al valor sentimental de este objeto, inmediatamente metieron sus manos descubiertas al agua gélida, en cuestión de segundos las palmas se les entumecieron, hasta que finalmente alguien logró recuperar el preciado objeto. Desde entonces lo tomaron como un reto, volver simplemente al lugar para meter las manos al agua y ver quien soportaba más mientras se les congelaba la piel.

Todos los excursionistas iban preparados para divertirse mucho, pues antes de realizar la dichosa hazaña, pasaban tres días disfrutando de su paseo, sin embargo, a punto de llegar al campamento, tuvieron un percance, un aciano salió de la nada, gritando y corriendo como loco, no pudieron detener el auto a tiempo y lo arrollaron. Mucho discutieron sobre las acciones a tomar, pero finalmente, decidieron arrojarlo en la parte más caudalosa del arroyo.

Como si no tuviesen consciencia, después se dedicaron solamente a divertirse, y disfrutar del evento de su última noche, metiendo la manos al arroyo, todos al mismo tiempo; el último en sacarlas seria el ganador, pero vaya sorpresa que se llevaron, apenas introdujeron las palmas sintieron un ardor, un cosquilleo, que rápidamente se expandió por todo su cuerpo. Podían incluso escuchar los cristales de hielo crujiendo al formarse en su interior, por más intentos que hacían para separarse del agua, no había forma, parecían más que congelados, sujetos, fue entonces, que con profundo terror, vieron emerger del fondo el rostro del viejecito al que lastimaron, sus cabellos crecieron formando tentáculos que asían con fuerza a todos, los hombres revoloteaban en un esfuerzo por escaparse, pero de nada valía, el anciano fue sumergiéndose de nuevo, llevándose a todos consigo.

Al cabo de los días, cuando los excursionistas no volvieron, se organizó la búsqueda, los encontraron en una situación muy extraña, casi inexplicable, pues sus cuerpos se hallaban atrapados en una sección congelada del arroyo, la suficiente para cubrirlos a ellos y al anciano, el resto fluía normalmente, y era difícil entender cómo se habían ahogado en tan solo cincuenta centímetros de agua, y como llegaron a convertirse en bloques de hielo. Solamente se pensó que se excedieron en su práctica de la noche de las manos frías, llevándolo hasta el extremo y sumergiendo todo el cuerpo

 Referencia -> Historiasdeterror.org.mx


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