Los vecinos frecuentemente llamaban a Chester “cuatro ojos” dado que este usaba unos lentes de gruesos cristales. Su padre trataba de confortarlo diciéndole que pronto lo operarían y dejaría esos molestos espejuelos guardados en el armario.

Cuentos de miedo Chester el hechicero

Luego de la hora del té, el niño se encerraba en la biblioteca a leer cuentos de miedo. Le gustaban concretamente aquellos que abordaban temas de brujería, pues pensaba que sólo así podría cobrar venganza de los que se mofaban de él.

Se acercaba la época de Halloween y obviamente Chester ya tenía pensado disfrazarse de brujo. Fue a la tienda y compró un batón oscuro, un sombrero de hechicero y un báculo.

En la noche de brujas, su madre le dijo:

– ¿De verdad no deseas que te acompañe? El vecindario está muy oscuro y puedes caerte al no visualizar correctamente las calles.

– No mamá. Estaré bien.

Chester se fue caminando tranquilamente por la banqueta de su calle, aunque a unos pasos de su domicilio se topó con algunos de los niños que conocía y velozmente les dijo:

– Apártense de mí. No quiero tener ningún problema con ustedes. Mientras agitaba la mano que sujetaba el báculo.

En eso estaba cuando fue interrumpido por un hombre que tenía un disfraz muy parecido al de él.

– ¿Qué modales son esos chico? Esos muchachos no te estaban haciendo nada y tú por poco los agarras a bastonazos.

– Es que ellos se burlan de mí y ya estoy cansado.

– ¿Estás seguro que se burlan de ti Chester? ¿Qué te han dicho?

– A veces me encuentran y me dicen “cuatro ojos”.

– ¡Ah sí! ¿Y qué más?

– Nada más es eso.

– ¿Alguna vez les has comentado que te molesta ese apodo?

– No señor. Para que se los digo si no van a entender.

– Ese es un error que cometen los muchachos de hoy en día. No se saben comunicar y dan por hecho cosas que no son.

– También escuché por ahí Chester que deseas convertirte en hechicero para hacer escarmentar a los que se han reído de su debilidad visual. De nuevo te digo que lo primordial es hablar con la gente para dirimir las diferencias. Si las personas hablaran más y actuaran menos por impulso el mundo sería más tranquilo.

El hombre miró fijamente a niño y se desvaneció.

Fue en ese instante cuando Chester tembló de miedo, pues intuyó que había estado ante un auténtico hechicero. Talló sus ojos con fuerza para ver si todavía lograba observar la silueta de aquel misterioso hombre y cuál sería su sorpresa al notar que veía todo claramente sin necesidad de utilizar sus anteojos.

En vez de regresarse a su casa y contarles a sus papás lo sucedido, pensó en ir con sus vecinos para aclarar las cosas. Ellos se disculparon argumentando que era una expresión que habían escuchado en su casa para referirse a personas que usaban gafas, y se les hizo simpático. Mas ahora se daban cuenta de que no está bien burlarse de los demás.

Como te puedes dar cuenta, este relato pudo concluir con funestas consecuencias para nuestro protagonista. No obstante, el brujo de la historia dio en el clavo al expresar que con el uso correcto de las palabras se pueden solucionar más del 99% de los conflictos.


Cuento de miedo La pesadilla que se volvió realidad Sueños

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