Caí rendido sobre el sofá y al poco tiempo comencé a soñar. Lo sé porque estaba tripulando una nave que iba en camino hacia un planeta desconocido. El suelo de aquel paraje era fino y de color café.

Cuento de miedo La pesadilla que se volvió realidad

Comencé a andar sobre esa superficie y pronto me quité el calzado pues me sentía como si estuviera arena. El clima era templado aunque había algo que no andaba del todo bien. De pronto, las plantas de mis pies me ardían de una manera que jamás había sentido. Me quité el suéter, lo puse sobre el suelo y me senté.

No daba crédito a lo que veían mis ojos, ya que la piel de mis pies se estaba desprendiendo y sólo era capaz de ver el músculo y el hueso como literalmente estaban siendo cosidos de adentro hacia afuera.

Subí a la nave y en cuanto cerré la escotilla desperté. Como era lógico, me encontraba bañado en sudor. Pero no del tipo que te ocurre cuando tienes mucho calor o al momento de padecer de altas temperaturas, sino de ese sudor gélido que solamente es propiciado por los cuentos de miedo.

Me levanté del sofá y me fui a acostar a mi cama. Al día siguiente, casi no podía dar un paso, debido a que los pies me dolían muchísimo. Cuando llegué a la oficina, la recepcionista al verme retorcerme del dolor, me envió directamente a la enfermería.

El médico me examinó y por su rostro pude notar que el diagnóstico no iba a ser nada halagüeño. Fui trasladado de emergencia a un hospital en donde me hicieron toda clase de estudios.

Un médico con el rostro desencajado, se acercó a mí y me dijo lo siguiente:

– Señor, temo decirle que vamos a tener que amputarle las dos piernas, si es que quiere seguir viviendo. El motivo de ello es porque hemos descubierto una rara bacteria alojada en sus rodillas.

– ¿Una bacteria?

– Así es, lo extraño es que no tenemos información sobre ella.

De alguna forma, mi pesadilla se convirtió en realidad.


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