Leyenda corta La cueva infernal

Me encontraba explorando el bosque, cuando súbitamente giré la cabeza y vi un resplandor dorado. Era una cueva enorme, cuyas paredes estaban cubiertas de un mineral que se asemejaba indudablemente al oro.

Leyenda corta La cueva infernal

Corría hacia ella, con la idea de arrancar un poco de ese bello metal para luego venderlo. Prendí la linterna de mi celular y comencé a raspar un poco las paredes con la ayuda de algunas herramientas que traía en mi mochila.

Pronto alcancé a escuchar que algo se desprendió del techo. Una roca golpeó mi cabeza y perdí el conocimiento. Al volver en sí, me incorporé y aliviado vi que no tenía ninguna herida.

Un olor a carne quemada comenzó a inundar el ambiente y entonces me di cuenta que una puerta se abría ante mis ojos.

– Pasa, se bienvenido a mi humilde morada. Estaba esperando por ti.

– ¿Quién eres? Pregunté.

– Lo normal es que las personas no hagan preguntas, cuando ya saben la respuesta. Además, estoy segurísimo de que al menos has escuchado una leyenda corta que hable sobre mí.

En eso sentí un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo, motivo por el cual no puede articular palabra alguna. Pese a ello, aquella entidad terrorífica leyó mi mente y murmuró:

– En efecto, soy Luzbel, el señor de las tinieblas y tú estás en mis dominios.

– ¡Estoy en el infierno, no puede ser, eso es imposible! Jamás le he hecho daño a ninguno de mis semejantes. Es más, cuando puedo brindarle ayuda a alguien, lo hago sin distinción ni prejuicios.

– ¿Quién te dijo que estabas en el infierno? Yo no lo llamaría de ese modo. Aquí descansan las almas buenas y malas. Lo que sucede es que ustedes en la Tierra se han empeñado en creer que existe un averno y un cielo, cuando la verdad es que solamente hay esto que ves y ahora tu tiempo ha llegado a su final. Carcajeó la voz.


La leyenda de la bruja de San Bernardo

En 1602, la ciudad de San Bernardo, Portugal, era frecuentada por viajeros que venían desde el puerto de Santos, el valle de Paraíba y muchos otros lugares. Cuenta la leyenda que una mujer llamada Sallani Mustari vivió ahí, y todo el mundo decía que era una bruja, ya que muchas personas se desvanecieron cuando ella no estaba en casa, y veían extraños líquidos, macetas con cosas muy anormales en los estantes de su casa. Pero sobre todo por un gran y extraño libro y de un gigantesco caldero que tenía.

La leyenda de la bruja de San Bernardo

Varias personas juraban que vieron a un niño de unos 8 años ser descuartizado vivo y sus trozos de su cuerpo ser tirados en el caldero, mientras Sallani decía palabras en una lengua muy extraña, además de fuertes y pesadas risotadas. En su pequeño “jardín” de plantas desconocidas crecían, muchas frutas de horrible olor y apariencia. Hasta que un día, la gente del pueblo, disgustados con tal brutalidad, decidieron llamar la atención del Gobierno y amenazaron con enviar también cartas a Portugal, pidiendo el arresto o la muerte de Sallani.

Conseguido el 10/31/1605 su muerte en la plaza pública, con un ahorcamiento seguido de despiece y quema el cuerpo junto con sus pertenencias. Las cenizas fueron lanzadas en su casa, y luego todo fue quemado. Desde ese día, los aldeanos nunca estuvieron tranquilos, siempre escucharon gritos y veían como ellos decían, espíritus y fantasmas, e incluso la risa igual de ruidosa y escandalosa de la bruja.

En el lugar de la casa se construyó un lugar de ayuda a los viajeros, que más tarde sería uno de los primeros hospitales de San Bernardo, es así como esta leyenda de terror de brujas ha llegado a su fin