Mitos egipcios: Tot

Tot es una de las piezas claves en el panteón de mitos egipcios. Nos atrevemos a hacer esta aseveración, porque él era el que comúnmente intervenía como contrapeso en conflictos importantes, para que la balanza no siempre se inclinara hacia el mismo lado.

Mitos egipcios: Tot

De hecho, los egiptólogos dicen que Tot debe ser considerado como un escribano divino, ya que fue él quien creó el alfabeto y sin éste, le hubiera sido imposible comunicarse al hombre a grandes distancias, pues los mensajes orales se pierden con el tiempo. En cambio, las palabras escritas permanecen para la posteridad.

Si le asignáramos a esta divinidad el género masculino, tendríamos que poner a Maat como su contraparte, ya que ella era la encargada de mantener estable al universo.

Hablando de eso, Isis le estuvo eternamente agradecida, puesto que debido a su intervención fue que pudieron encontrar los fragmentos del cuerpo de Osiris para que éste pudiera resucitar y así colaborar en la procreación de Horus.

Mi historia favorita que involucra a Tot es la que tiene que ver con la inclusión de cinco días al calendario. Antiguamente, el instrumento para medir el tiempo solamente era de 360 días. En una ocasión Nut se acercó a Tot y le pidió que la ayudara ya que sufría de esterilidad.

Él fue a buscar a Jonsu el dios lunar para ver si podía quitarle un poco de su brillo y así dárselo a Nut, con el propósito de que ésta utilizara esa luz para quedar embarazada. Jonsu y Tot acordaron que si el primero perdía, le haría entrega de la quinta parte de su energía.

Como ya dijimos, la suerte siempre estuvo del lado de Tot, así que al tener la energía en su poder, fue capaz de crear cinco días más en el calendario y con ello ayudar a su amiga.

Por último, Jonsu nunca pudo recuperar su poder completamente. Es por ello que la luna no brilla de la misma manera a lo largo de un mes.


Cuento de miedo La pesadilla que se volvió realidad

Caí rendido sobre el sofá y al poco tiempo comencé a soñar. Lo sé porque estaba tripulando una nave que iba en camino hacia un planeta desconocido. El suelo de aquel paraje era fino y de color café.

Cuento de miedo La pesadilla que se volvió realidad

Comencé a andar sobre esa superficie y pronto me quité el calzado pues me sentía como si estuviera arena. El clima era templado aunque había algo que no andaba del todo bien. De pronto, las plantas de mis pies me ardían de una manera que jamás había sentido. Me quité el suéter, lo puse sobre el suelo y me senté.

No daba crédito a lo que veían mis ojos, ya que la piel de mis pies se estaba desprendiendo y sólo era capaz de ver el músculo y el hueso como literalmente estaban siendo cosidos de adentro hacia afuera.

Subí a la nave y en cuanto cerré la escotilla desperté. Como era lógico, me encontraba bañado en sudor. Pero no del tipo que te ocurre cuando tienes mucho calor o al momento de padecer de altas temperaturas, sino de ese sudor gélido que solamente es propiciado por los cuentos de miedo.

Me levanté del sofá y me fui a acostar a mi cama. Al día siguiente, casi no podía dar un paso, debido a que los pies me dolían muchísimo. Cuando llegué a la oficina, la recepcionista al verme retorcerme del dolor, me envió directamente a la enfermería.

El médico me examinó y por su rostro pude notar que el diagnóstico no iba a ser nada halagüeño. Fui trasladado de emergencia a un hospital en donde me hicieron toda clase de estudios.

Un médico con el rostro desencajado, se acercó a mí y me dijo lo siguiente:

– Señor, temo decirle que vamos a tener que amputarle las dos piernas, si es que quiere seguir viviendo. El motivo de ello es porque hemos descubierto una rara bacteria alojada en sus rodillas.

– ¿Una bacteria?

– Así es, lo extraño es que no tenemos información sobre ella.

De alguna forma, mi pesadilla se convirtió en realidad.


Cuentos de miedo Chester el hechicero

Los vecinos frecuentemente llamaban a Chester “cuatro ojos” dado que este usaba unos lentes de gruesos cristales. Su padre trataba de confortarlo diciéndole que pronto lo operarían y dejaría esos molestos espejuelos guardados en el armario.

Cuentos de miedo Chester el hechicero

Luego de la hora del té, el niño se encerraba en la biblioteca a leer cuentos de miedo. Le gustaban concretamente aquellos que abordaban temas de brujería, pues pensaba que sólo así podría cobrar venganza de los que se mofaban de él.

Se acercaba la época de Halloween y obviamente Chester ya tenía pensado disfrazarse de brujo. Fue a la tienda y compró un batón oscuro, un sombrero de hechicero y un báculo.

En la noche de brujas, su madre le dijo:

– ¿De verdad no deseas que te acompañe? El vecindario está muy oscuro y puedes caerte al no visualizar correctamente las calles.

– No mamá. Estaré bien.

Chester se fue caminando tranquilamente por la banqueta de su calle, aunque a unos pasos de su domicilio se topó con algunos de los niños que conocía y velozmente les dijo:

– Apártense de mí. No quiero tener ningún problema con ustedes. Mientras agitaba la mano que sujetaba el báculo.

En eso estaba cuando fue interrumpido por un hombre que tenía un disfraz muy parecido al de él.

– ¿Qué modales son esos chico? Esos muchachos no te estaban haciendo nada y tú por poco los agarras a bastonazos.

– Es que ellos se burlan de mí y ya estoy cansado.

– ¿Estás seguro que se burlan de ti Chester? ¿Qué te han dicho?

– A veces me encuentran y me dicen “cuatro ojos”.

– ¡Ah sí! ¿Y qué más?

– Nada más es eso.

– ¿Alguna vez les has comentado que te molesta ese apodo?

– No señor. Para que se los digo si no van a entender.

– Ese es un error que cometen los muchachos de hoy en día. No se saben comunicar y dan por hecho cosas que no son.

– También escuché por ahí Chester que deseas convertirte en hechicero para hacer escarmentar a los que se han reído de su debilidad visual. De nuevo te digo que lo primordial es hablar con la gente para dirimir las diferencias. Si las personas hablaran más y actuaran menos por impulso el mundo sería más tranquilo.

El hombre miró fijamente a niño y se desvaneció.

Fue en ese instante cuando Chester tembló de miedo, pues intuyó que había estado ante un auténtico hechicero. Talló sus ojos con fuerza para ver si todavía lograba observar la silueta de aquel misterioso hombre y cuál sería su sorpresa al notar que veía todo claramente sin necesidad de utilizar sus anteojos.

En vez de regresarse a su casa y contarles a sus papás lo sucedido, pensó en ir con sus vecinos para aclarar las cosas. Ellos se disculparon argumentando que era una expresión que habían escuchado en su casa para referirse a personas que usaban gafas, y se les hizo simpático. Mas ahora se daban cuenta de que no está bien burlarse de los demás.

Como te puedes dar cuenta, este relato pudo concluir con funestas consecuencias para nuestro protagonista. No obstante, el brujo de la historia dio en el clavo al expresar que con el uso correcto de las palabras se pueden solucionar más del 99% de los conflictos.


Sueños

Los sueños son procesos mentales que involucran directamente a la imaginación, a las sensaciones e inclusive a ciertos movimientos corporales involuntarios. En ellos no se tiene noción del espacio, tiempo o lugar en donde se desarrolla. Sin embargo, los sentimientos se encargan de transmitirnos mensajes que después de despertar somos capaces de recordar.

Sueños

Una cuestión que no muchos abordan es que aunque los sueños lleguen a convertirse en una experiencia sumamente vívida, si no se lo relatamos a alguien rápidamente o lo apuntamos, es muy posible que en pocas horas hayamos olvidado por completo lo ocurrido.

Desde el momento en que cerramos los ojos con el propósito de descansar, comienzan a ocurrir ciertas etapas o fases, las cuales se detectan fundamentalmente porque se presentan movimientos oculares a gran velocidad.

En la primera fase, el individuo se traslada de un estado de vigilia hasta el terreno de los sueños. Si consideramos que una persona debe dormir ocho horas, el porcentaje de tiempo que se demora en completar este proceso es de tan sólo el 5%. Las ondas cerebrales comienzan a disminuir hasta hacerse mucho más lentas. De igual forma, los latidos del corazón disminuyen hasta llegar a un ritmo sumamente tranquilo y acompasado.

Dentro de la segunda fase de los sueños baja drásticamente el nivel de tono muscular con lo que cada vez es más difícil despertar a una persona que se encuentra en esta etapa. Se estima que este período puede durar hasta un máximo de cuatro horas, dependiendo en gran medida de la relajación y el ambiente en donde se encuentre descansando el individuo.

Para concluir en la tercera fase, nos encontramos con que la respiración se hace más lenta de igual forma que le ocurre a los latidos. Los pacientes que sufren de pesadillas recurrentes o fobias derivadas de algún tipo de sueños, es aquí donde son más vulnerables, ya que de acuerdo con los médicos en esta periodo es donde se alcanzan a apreciar mayores casos de sonambulismo.


¿Por qué nos gustan los cuentos de terror espeluznantes?

Los cuentos de terror espeluznantes son aquellos que asustan a un gran número de personas, sin importar su edad. Hay que destacar que esa situación se llega a presentar cuando las historias narradas ingresan al subconsciente provocando miedo o por lo menos un cierto grado de inquietud.

Por qué nos gustan los cuentos de terror espeluznantes

Además, las fuentes de donde emanan los cuentos de terror espeluznantes no son concretas, ya que pueden originarse a partir de una situación paranormal como puede ser la aparición de una figura fantasmal o bien desde los conocimientos que se tengan acerca de leyendas urbanas.

Otro recurso que se utiliza en las narraciones de horror es la inclusión de aquellos elementos que provocan repulsión. Como por ejemplo las vísceras humanas, excesiva sangre etcétera. En el caso de que seas aficionado a los cuentos de vampiros, estarás de acuerdo conmigo que invariablemente deben estar presentes grandes cantidades de hemoglobina.

La atmósfera adecuada en los cuentos de terror espeluznantes es cuando algo cotidiano se transforma en horrendo como puede ser una fábrica abandonada, un parque sin iluminación o una carretera llena de bruma. Para aumentar el pavor, los narradores se ponen a describir las sombras que se forman en la penumbra nocturna:

“Las ramas secas de aquel árbol parecían los dedos huesudos y nauseabundos de una vieja bruja que intentaban agarrarme en cada momento”.

Eso si nos referiremos a algo que sucediera a la intemperie. Sin embargo, los cuentos de terror también hacen uso de espacios pequeños, los cuales se transforman en verdaderos calabozos claustrofóbicos. Ahora mismo se me ocurre un viejo ascensor que queda atorado entre piso y piso durante un apagón. Luego de un rato, se escuchan unos ruidos que vienen del exterior, la gente que está dentro del elevador piensa que se trata de gente de mantenimiento que los tratan de rescatar, cuando en realidad son ratas gigantes que están carcomiendo los cables, para enviar al montacargas al vacío.

Por esa y muchas razones más, los cuentos de terror espeluznantes se seguirán manteniendo entre los preferidos de los amantes del horror.

Fuente: https://leyendadeterror.com/cuentos-de-terror/